Libros y textos escolares

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Libros y textos escolares

Libros y textos escolares: Los siguientes artículos, de los cuales se cita su fuente original y se provee el link para ser consultado en sus web de origen, pretenden adelantar una mirada objetiva al libro de texto escolar, su futuro y su presente. Editorial Writers Book Company, dentro de su oferta de libros y textos escolares plantea la innovación tecnológica de la Realidad Aumentada, que mantiene os textos escolares impresos, sin dejar de un lado las ventajas de la interacción virtual.

La razón de no inclinarnos meramente al libro de texto digital, es porque ya en los países como Corea del Sur y Finlandia, han vuelto al libro de texto impreso, después de incursionar 100% en el libro de texto escolar digital, manteniendo ahora un equilibrio necesario. La explicación a este fenómeno es sencilla: los libros de texto escolar impresos en papel, favorecen la motricidad fina, la lectura de los mismos no es perjudicial para la vista de los lectores, como sí lo es la lectura de los libros digitales, los procesos de escritura manual, favorecen el desarrollo de inteligencias múltiples y no puede compararse con la escritura en un teclado, o en una tableta, pues la escritura en papel conlleva diferentes beneficios al estudiante.

En cuanto al argumento de la protección ambiental, que sostiene que para producir libros es necesario sacrificar árboles, dicho argumento ya hoy carece de suficiente peso, pues hoy se produce papel de la cascarilla del arroz, del bagazo de la caña de azúcar, papel de piedra o Stone Paper, papel de la cáscara de coco, etc. Y la regulación a la industria papelera ha logrado que dichos industriales siembren sus propias reservas forestales, de manera que no se afecte al medio ambiente, como sí se hace en la industria de la construcción de viviendas o infraestructura, en donde se destruyen más árboles para construir una casa, que la cantidad de árboles que se usan para producir el papel necesario para un texto escolar impreso.

Ahora bien, si hablamos de las ventajas del libro digital, tenemos las siguientes:

Ventajas del libro de texto escolar digital

Dentro de las principales ventajas que podemos encontrar en los libros de texto escolar digital, podemos destacar:

– Permiten la autoevaluación, cuando son complementados con formularios o test en línea.
– Aumentan la interacción entre el alumno y el contenido, cuando no se trata de simples PDFs, o textos planos, sino que contienen animaciones, videos o audios.
– No le pesan al estudiante en la maleta.
– Son actualizables.
– Son más económicos.

Ahora comparemos con las ventajas del libro de texto escolar físico, o impreso en papel,

Ventajas del libro de texto escolar impreso en papel

 

Dentro de las principales ventajas que podemos encontrar en los libros de texto escolar impresos en papel, podemos destacar:

– Permiten la evaluación, cuando son complementados con formularios o test, pero se requiere de docente para calificar.
– Desarrollan la motricidad fina.
– Pueden consultarse en cualquier momento o lugar, sin internet, datos, ni dispositivos.
– No son perjudiciales para la vista de los estudiantes.

Adicional a todo esto, Editorial Writers Book Company, con su innovación de Realidad Aumentada, agrega al libro de texto escolar impreso en papel, los siguientes beneficios:

Ventajas del libro de texto escolar impreso en papel más la tecnología de Realidad aumentada

 

  • Permiten la evaluación.
  • Desarrollan la motricidad fina.
  • Pueden consultarse en cualquier momento o lugar.
  • No son perjudiciales para la vista de los estudiante.
  • Aumentan la interacción entre el alumno y el contenido.
  • Aumentan la motivación y la creatividad.
  • Son actualizables.
  • Pueden funcionar con o sin internet.
  • Los contenidos aumentados son personalizables.

A continuación los tres artículos anunciados al comienzo de este artículo:

El primero de ellos fue publicado en el periódico el Espectador en el siguiente enlace: https://www.elespectador.com/noticias/educacion/textos-escolares-un-negocio-debate-articulo-610781

Textos escolares, un negocio en debate

Educación
Laura Dulce Romero

Mientras las editoriales defienden sus precios, nacen nuevas alternativas que buscan el acceso a contenidos, incluso, gratis.

Referencia / Archivo EFE.

Es un tema cí­clico: cada seis meses arranca una nueva temporada escolar y con ésta llega la discusión acerca de lo caros que son los útiles y textos. Un debate todavía más importante debido al frágil momento económico por el que atraviesa el país y la posibilidad de que estos artículos suban un 5% debido al posible aumento del IVA que estudia el Gobierno.

Algunos padres logran cumplir con su obligación y otros sólo pueden adquirir una parte de los Útiles. Según Enrique González Villa, presidente de la Cámara Colombiana del Libro, en Colombia hay alrededor de 11 millones de estudiantes y las ventas de las editoriales no sobrepasan los 10 millones de textos.

En el caso de los colegios públicos, dice González, la falta de textos escolares se debe a que el Estado no está cumpliendo con la gratuidad completa y no dota a las instituciones con estos recursos. En el caso de los privados, a que se piden muchos Útiles además de los textos, que encarecen las listas. Eso sin contar con que los padres gastan el dinero en cosas que no son tan indispensables y no establecen prioridades.

El presidente de la Cámara Colombiana del Libro asegura que el precio de los textos escolares no es tan alto, si se tiene en cuenta el proceso de creación. Y agrega que el monto anual de este material tampoco es excesivo: Estamos hablando de menos de $400.000 para todo el año. Se trata de casi $33.000 mensuales, una suma fácil de sustentar teniendo en cuenta su beneficio.

No todos piensan igual, sobre todo si se tiene en cuenta que en Colombia el salario promedio es bajo. Al final, muchos padres eligen fotocopiar los libros o buscarlos por internet. Varios llaman a esto piratería y otros, soluciones. Lo preocupante es que en vez de centrarse en la discusión acerca de los precios y las formas como circula el conocimiento, el escenario tiende a reducirse a la supervivencia del libro o a la batalla en contra de quienes violan los derechos de autor.

Pilar Sáenz, coordinadora de Proyectos de la Fundación Karisma, cree que lo realmente importante es buscar otras alternativas que le sirvan a todo el mundo. Y enfatiza en que los textos escolares sí­ son costosos. Si bien es consciente de que la realización de un libro es un proceso dispendioso debido a la investigación y tiempo que demanda, también está¡ segura de que si se modifica la parte de la cadena que tiene que ver con la producción y distribución, el resultado beneficiaria a los consumidores.

¿Cómo? En países como India, Estados Unidos o Finlandia (al menos parcialmente) los textos escolares se crean de forma colaborativa con los profesores, involucrando el contexto de los estudiantes, para que sean acordes a su entorno. A los docentes se les paga por su trabajo y los libros se rigen bajo una licencia abierta que permite que cualquiera pueda retomar el material para usarlo y modificarlo.

Por otro lado, el hecho de producir y publicar digitalmente disminuye dramáticamente el costo de distribución. En el caso de India, por ejemplo, los textos escolares no sólo fueron ediciones digitales. Después de circular de esta forma, el gobierno pidió que se imprimieran copias.

El principal argumento de quienes están de este lado de la mesa es que el conocimiento es abundante y tratar de generar una escasez artificialmente va en detrimento, incluso, de la producción cultural. Si compartimos conocimiento, generamos más conocimiento, asegura Sáenz.

En cambio, para Enrique González, la posibilidad de que exista un sistema de recursos abiertos es un poco atrevido: Pensar que como hay piratería y delincuencia se deben abrir los derechos y que la actividad como negocio se acabe es como proponer que los restaurantes abran a cierta hora y den la comida gratis porque la gente tiene hambre.

Lo cierto es que Colombia ya dio el primer paso hacia la apertura de contenidos escolares con iniciativas como Colombia Aprende. En el Último año, el Ministerio de Educación desarrolló 40 mil nuevas piezas educativas, que están disponibles de manera digital y gratuita. Es tan solo un escalón, pues el Ministerio dejó claro que estos contenidos son un complemento de los libros que los maestros usan en clase.

Sin embargo, se está sembrando la posibilidad de que a futuro la educación en Colombia pueda funcionar de esta manera. No en vano, al indagar con esta cartera cómo llegar a concesos con las editoriales, si este sistema fuera establecido en los colegios del país, su respuesta contundente.

En Colombia la educación con calidad es un derecho fundamental y nuestro deber como Gobierno es garantizarlo. Hay familias que pueden pagar por acceder a contenidos que ofrece el mercado, pero la mayoría no pueden hacerlo. Es allá­ donde el Estado debe suplir las necesidades, y esta era una necesidad que hemos cubierto para beneficio de todos los colombianos. La puerta se ha abierto.

El segundo artículo es tomado de: https://compartirpalabramaestra.org/columnas/los-libros-de-texto-mas-alla-del-precio-y-las-marcas-una-reflexion-desde-las-competencias

Los libros de texto: más allá del precio y las marcas, una reflexión desde las competencias ciudadanas

Publicado: Jue, 18/02/2016 – 00:00

Los textos en Colombia no involucran dentro de su contenido elementos relacionados con las competencias ciudadanas.

A propósito de la discusión que como todos los años se ha venido dando en el país al comienzo del año escolar, sobre la obligatoriedad que imponen algunas instituciones educativas de la compra de libros de texto de una marca determinada, las quejas de los padres de familia por los altos precios, y la decisión del Ministerio de Educación de poner en cintura a los colegios; creemos que además del debate sobre los precios o las marcas, sigue siendo vigente la discusión sobre el contenido de estos materiales de enseñanza. Queremos plantear nuevamente este debate que no es nuevo, pero que sin lugar a dudas sigue vigente, a partir de un ejercicio de análisis de la formación en competencias ciudadanas en libros de texto de ciencias sociales de la educación básica secundaria.

La intención del artículo es compartir algunos planteamientos, producto del análisis de la inclusión de la propuesta del estado colombiano para la formación de la ciudadanía, consignada en los estándares básicos de competencias ciudadanas publicados por el Ministerio de Educación en el año 2004. Se trata principalmente de una descripción analítica de la forma como esta política gubernamental se ha llevado a los libros de texto en la educación básica secundaria (6º a 9º), desde la pregunta: ¿Cómo se aborda en los libros de texto la propuesta estatal de formación para la ciudadanía? Se parte de dos premisas: la primera, que pese a las críticas al uso de los textos escolares, estos todavía son la principal herramienta de trabajo de muchos maestros colombianos, y la segunda, que aunque los libros introduzcan cambios en la forma de diagramación y presentación, no logran romper con las formas tradicionales de concebir la enseñanza y el aprendizaje.

Si bien los libros de texto estudiados han acatado la directriz estatal de formación para la ciudadanía, esta se entendió de una manera desarticulada. No obedece a un proyecto formativo integral y se ha usado como un complemento más de las ciencias sociales, como el lleno de un requisito, como un área informativa que privilegia los contenidos cognitivos. La formación ciudadana se ha se entendido como un añadido de las ciencias sociales y no como un campo real y concreta de formación necesario y urgente en el estado colombiano.

El texto propone una reflexión sobre la manera como ha sido entendida, asumida y puesta en práctica la propuesta de formación ciudadana contenida en los estándares de competencias propuestos por el Ministerio de Educación Nacional. Para ello se analizaron series de libros de texto de los grados 6º 7º 8º y 9º de educación básica secundaria de cuatro editoriales de circulación nacional reconocidas en todo el ámbito educativo del país. Todos los libros fueron del área de ciencias sociales porque no se mencionaban las competencias ciudadanas en libros de otras asignaturas. De estos libros se revisaron los espacios destinados a la formación para la ciudadanía, específicamente aspectos como los objetivos de formación que enuncian, los temas que abordan, las actividades metodológicas que plantean a los estudiantes, el tipo de información que contienen y la evaluación.

Se efectuó además, una lectura de la coherencia entre los objetivos y las metas de formación de los estándares de competencia planteadas  por el estado y lo que aparece en los libros[1]. El análisis que se realizó sobre la formación en competencias ciudadanas en los libros de texto evidenció que las actividades pedagógicas de las cuatro series de libros analizadas no se evidencia la existencia de una visión de la formación para la ciudadanía como un proceso que se puede diseñar, implementar, evaluar y mejorar continuamente en las instituciones educativas.

La formación en competencias ciudadanas quedó relegada a los textos de ciencias sociales. En ninguna de las otras asignaturas se abordan dichas competencias desconociendo el planteamiento del Ministerio de Educación, según el cual la formación ciudadana debe ser una responsabilidad compartida que atraviesa todas las áreas e instancias de la institución escolar. Dentro de los libros de texto el desarrollo de competencias ciudadanas se reduce a unas cuantas páginas al final de las unidades de aprendizaje. Algunos libros proponen competencias ciudadanas en unas unidades y otras no, sin dejar claro los criterios utilizados.

Si bien los libros de texto estudiados han acatado la directriz estatal de formación para la ciudadanía, esta se entendió de una manera desarticulada. No obedece a un proyecto formativo integral y se ha usado como un complemento más de las ciencias sociales, como el lleno de un requisito, como un área informativa que privilegia los contenidos cognitivos. La formación ciudadana se ha se entendido como un añadido de las ciencias sociales y no como un campo real y concreta de formación necesario y urgente en el estado colombiano.

Los temas de las actividades pertenecen a los tres grupos de competencias, pero no hay claridad sobre los criterios que guían su escogencia dentro de un proyecto, concebido desde el libro en formación de la ciudadanía. Los objetivos para la formación ciudadana en los libros estudiados se reducen a una copia textual de los estándares formulados en el documento ministerial.

Lo que demuestran algunas actividades de competencias ciudadanas es que se ponen en los libros de texto para complementar temas, que por espacio no se ubicaron anteriormente. Hay actividades de competencias ciudadanas en las cuales no se nombra ni el estándar ni las competencias a las que se apunta, simplemente aparecen en el libro de forma aislada y desarticulada. Estas actividades aparecen incluso como forzadas y pegadas en libros sin ningún tipo de reflexión pedagógica.

Las actividades para el desarrollo de competencias ciudadanas se circunscriben a la metodología enciclopedista del resto del libro, son en su mayoría, responder preguntas sobre las lecturas planteadas, completar cuadros, explicar enunciados, completar ideas, presentar exposiciones apoyadas con carteleras, hacer consultas, bibliográficas, escribir resúmenes. Si bien en el planteamiento de unas pocas actividades se sugiere a los estudiantes hacer entrevistas y salidas de campo, en la presentación del informe que se exige de la actividad ya estas estrategias no aparecen.

Hay incoherencia en el planteamiento de algunas de las tareas escolares de las actividades de competencias ciudadanas, se enuncia que la actividad desarrolla la competencia propositiva pero el estudiante debe hacer una consulta bibliográfica y presentarlo en dos páginas. No hay ninguna actividad de pensamiento donde el estudiante desarrolle la competencia enunciada.

Algunos libros tienen tests, en los cuales los estudiantes deben contestar sobre sus actitudes, opiniones, comportamientos, con respecto a los temas de competencias ciudadanas, sin embargo, esto queda allí, no se trasciende, llama mucho la atención que son casi inexistentes actividades en los cuales se trascienda del discurso al hacer, punto en el cual se han evidenciado  las dificultades de los estudiantes.

Es importante decir finalmente que el objeto de este trabajo no es desacreditar los libros de texto, es dejar abierta una reflexión sobre cómo se ha entendido y cómo está funcionando en estos libros los objetivos, las temáticas y las estrategias metodológicas para la formación de la ciudadanía, más allá de los fines comerciales.

La incoherencia entre el propósito en la formación ciudadana plasmado en el documento de los estándares y lo que se observó en el análisis de los libros de texto, pone de presente la discusión de la incongruencia que hay entre los objetivos educativos y lo que realmente ocurre en los salones de clase. Lo anterior es producto de la falta de seguimiento y evaluación a las políticas educativas del estado, entre otros aspectos. Si como se mencionó al comienzo, los libros de texto son todavía una de las principales herramientas de trabajo de los maestros colombianos, aunque estos sean producidos por editoriales privadas, si debería haber desde el Ministerio de Educación acciones de acompañamiento, asesoría, vigilancia y control que garanticen que la introducción de las competencias ciudadanas en los textos no sea un componente más que se le agrega al libro para llenar un requisito, o con fines comerciales, argumentando que está actualizado con los últimos requerimientos legales (Dueñas,2002:180).

La relaciones sociales que se establecen en las aulas, la estimulación o no del pensamiento y la crí­tica, la construcción de ambientes educativos en los que se aceptan las preguntas, la existencia de contextos escolares sin autoritarismos en los que se enseña y vive, el ejercicio de la discrepancia, son una necesidad de la escuela colombiana que planteó el estado, pero que al leer lo que aportan los libros de texto sobre el particular, se queda solo en las buenas intenciones. Surge entonces el siguiente cuestionamiento: si no hay un asesoramiento del estado a través del Ministerio de Educación en la formación para la ciudadanía contenida en los libros de texto que llegan a las aulas: ¿qué ocurrirá con el seguimiento y evaluación de las prácticas educativas en las dichas aulas de clase?

Lo que este texto ha querido poner sobre la mesa con esta reflexión es cómo en Colombia gran parte de los problemas sociales que vinculan lo educativo pretenden ser solucionados con la introducción de cátedras, o la expedición de documentos, que aunque tengan muy buen nivel académico y una sólida propuesta pedagógica, como es el caso de los lineamientos de competencias ciudadanas, no se convierten en materia de aprendizaje real y efectivo por parte de los estudiantes, hecho que impide el cumplimiento del objetivo del estado, “la formación de la personalidad y la construcción de la ciudadanía y la democracia[2].

Esta situación se refleja en los libros de texto, que muy seguramente también existe en los salones de clase, se debe en parte a algunas debilidades que mostró la política de formación ciudadana en Colombia desde su formulación, y que ha sido motivo de debates. Para nombrar solo algunas: la falta de unas estrategias pedagógicas del maestro según las necesidades de la escuela, con claridad sobre el modelo de ciudadano que quieren ayudar a formar según su contexto; la falta de seguimiento y evaluación de los procesos de formación de la ciudanía en las instituciones (Cerda, 2004: 249). Finalmente, hay que decir que a ocho años de lanzada y según lo que se observó en los libros de texto, a la política para la formación ciudadana en Colombia le falta contenido, coherencia, horizonte, estrategias pedagógicas,  recursos didácticos, y una decisión del estado, de hacer dicha política realidad, con procesos sistemáticos y permanentes de evaluación, tanto de los materiales de enseñanza, como de las prácticas en el aula de clase, no sólo un lleno de requisitos.

Referencias bibliográficas

CERDA, Ana María y otros El complejo camino de la formación ciudadana: una mirada a las prácticas docentes. Santiago de Chile: Lom Ediciones, 2004. 253 p

DUEÑAS, Claudia ¿Cómo promover la ciudadanía juvenil? y asociaciones juveniles como espacio de educación ciudadana. Santa fe de Bogotá: Editorial Plaza y Janes. 2002, 185 p.

FEDERACION COLOMBIANA DE EDUCADORES. FECODE. ¿Competencias Ciudadanas si es posible? Revista Educación y Cultura, Santa fe de Bogotá, 2005. Nº 67, p 14 – 28

MINISTERIO DE EDUCACION NACIONAL. Estándares curriculares de competencias ciudadanas: 2004. Santa fe de Bogotá. 2004.31 p

[1] El documento de los estándares básicos de competencias ciudadanas fue difundido ampliamente en los establecimientos públicos y privados de enseñanza primaria y secundaria de todo el país. Ministerio de Educación Nacional, 2004, p. 10 – 11

[2] La federación colombiana de educares formuló muchas críticas al documento de estándares básicos de competencias ciudadanas, desde su visión dicho documento era una regresión en materia de formación ciudadanas y moral, a su modo de ver la idea de pretender un discurso único y universal, sobre algo que es realmente relativo y condicionado  social e históricamente les parecía un retroceso. Federación colombiana de educadores FECODE. 2005, 3 3

El tercer artículo fue tomado de:

¿Llegó el fin del libro texto escolar?

Las nuevas tecnologías, las apuestas del Ministerio de Educación y la amplia oferta de materiales digitales plantean la posibilidad de que las empresas editoriales puedan desaparecer.

La educación escolar siempre ha requerido materiales que afiancen el aprendizaje. Durante el proceso de formación y de enseñanza resulta vital el apoyo de elementos pedagógicos. El libro de texto, como se conoce hoy, surgió en el siglo XIX. Sin embargo, solo hasta principios del siglo pasado nació una industria editorial que se dedica a elaborar libros en masa con una orientación didáctica.

Desde entonces el debate sobre el uso de los textos escolares en la educación ha estado a la orden del día. La academia y las nuevas pedagogías lo han criticado. Afirman que es obsoleto y que en ocasiones limita otras metodologías de aprendizaje.   Sin embargo, es ineludible que los materiales se siguen utilizando y con el tiempo se fueron renovando. Han  cambiado las perspectivas para ofrecer contenidos.

La escuela tampoco fue ajena al auge de la tecnología. Los contenidos digitales y los materiales online llegaron desde Encarta, ya desaparecida, reemplazó a los históricos y tradicionales tomos de enciclopedias. Las editoriales no se quedaron de brazos cruzados ante los cambios. Decidieron transformarse y hoy  la gran mayoría ofrece, junto a los materiales impresos, plataformas educativas, recursos online, guías educativas interactivas, entre otros.

Sin embargo se enfrentan a una dificultad: el surgimiento acelerado de plataformas en línea, que impulsan desde empresas de tecnología hasta emprendimientos locales. Además, la decisión del Ministerio de Educación de renovar la página web Colombia Aprende, en la que hay de forma abierta y gratuita contenidos, planeaciones de clase y guías docentes para matemáticas, lenguaje, ciencias y sociales.

¿Cuál es entonces el camino que les espera a las editoriales? El debate está¡ encendido en el sector educativo. Semana Educación consultó a dos voces enfrentadas en esta polémica sobre el texto escolar y los materiales desarrollados por las editoriales.

Carlos Lugo lidera la apuesta del Ministerio de Educación por ofrecer recursos educativos abiertos. Como jefe de Innovación de esta cartera afirmó que se trata de un movimiento mundial y que en Colombia se tomó el ejemplo de Corea del Sur, con la creación de cinco centros de innovación. Allá­ instituciones de educación superior y profesores de todo el país se han dado a la tarea de desarrollar los contenidos de forma participativa, siguiendo los lineamientos y la malla curricular. En pocas palabras: materiales de todos para todos.

Sobre este mismo tema, Enrique González Villa, presidente de la Cámara Colombiana del Libro y vocero de las editoriales de texto en el país, afirmó que lo toma por sorpresa la decisión del ministerio de construir contenidos abiertos y gratuitos. Explicó que si el proceso fue de forma participativa nunca fueron consultados. Tampoco se les involucró en la planeación y ejecución. De hecho, consideró que dejar por fuera a las empresas que llevan años haciendo libros de texto es como decidir que un día las carreteras del país las hará la comunidad y no las harán más los ingenieros, para hacerlas más participativas. Agregó que existen estudios que demuestran que en América Latina todos los países compran libros de texto y materiales digitales a las editoriales excepto Bolivia y Colombia. Esa es una de las explicaciones de los resultados en las pruebas Pisa.

Frente a la pregunta por las implicaciones que tiene la sobreoferta de contenidos digitales sin ningún control  Carlos Lugo respondió que el ministerio no pretende regular el libre desarrollo del mercado. Por eso, añadió, se definió una malla curricular y unos contenidos claros para el sector oficial.   Según Lugo el exceso de oferta digital llega es al sector privado, donde los colegios deciden qué enseñan y los recursos para hacerlo, en este caso el ministerio sugiere lineamientos nada más.

Enrique González expresó que la industria editorial no pretende prohibir esa oferta, pero desconocer la experiencia y el conocimiento sobre la forma de aprender de los niños y la forma de enseñar de los profesores, es algo delicado. Sobre la educación no se improvisa, sostuvo. Agregó que ahora hay inventos que no tienen soporte pedagógico ni didáctico circulando en las escuelas.

 

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